Cuando pensamos en Pollo Feliz, lo primero que viene a la mente es ese pollo asado al carbón con un sabor único que ha acompañado a miles de familias mexicanas durante décadas. Pero detrás de cada platillo hay una historia de esfuerzo, visión y mucho trabajo. La marca que hoy está presente en cientos de ciudades dentro y fuera de México empezó de la forma más sencilla:
con el sueño de un joven emprendedor y una parrilla encendida.
Los orígenes: Arnoldo de la Rocha
El fundador de Pollo Feliz es Arnoldo de la Rocha, originario de la Sierra Tarahumara en Chihuahua. Creció en un entorno humilde, en una familia campesina que le inculcó valores como la perseverancia y el esfuerzo. Desde muy joven buscó oportunidades fuera de su tierra natal, trabajando en diferentes oficios que lo ayudaron a formarse y a soñar con algo propio.
Con apenas 18,000 pesos ahorrados, Arnoldo decidió invertirlo todo en un pequeño negocio de comida que pronto cambiaría su vida y la de muchas personas más.
Los primeros pasos en Guasave y León
En 1974, Arnoldo comenzó un puesto de pollos asados en una calle de Guasave, Sinaloa, una forma sencilla pero efectiva de acercar su sabor al público.
Cuatro años después, en 1978, se mudó a León, Guanajuato, donde abrió su primer restaurante en la colonia Los Fresnos
, operando bajo nombres como Pollo Giro y Pollo Real.
Finalmente, en 1980, se registró oficialmente la marca Pollo Feliz, marcando la consolidación de la empresa y el inicio de su expansión nacional.

Expansión y consolidación
Durante los años 80 y 90, el negocio pasó de ser un local popular en el norte a una cadena reconocida en todo México. La clave estuvo en mantener siempre el sabor característico y ofrecer una experiencia familiar y accesible.
Con el tiempo, Pollo Feliz fue abriendo más sucursales en diferentes ciudades, hasta llegar a consolidarse como una de las cadenas de pollo asado más queridas en México, con presencia incluso en Estados Unidos.
La esencia de Pollo Feliz
El crecimiento nunca cambió la esencia del negocio: mantener la receta original, cuidar la calidad de cada producto del menú y ofrecer un trato cercano a los clientes. Esa combinación ha permitido que Pollo Feliz se convierta en una tradición mexicana, presente en los momentos más importantes de la vida diaria de las familias.
Un legado construido con los clientes
La historia de Pollo Feliz no se entiende sin nuestros clientes. Son ustedes quienes, con su preferencia y confianza, han hecho posible que una idea nacida en un pequeño puesto de Sinaloa se convierta en un referente nacional. En cada visita, en cada mesa compartida y en cada comida familiar, son parte de este legado.
Cada una de nuestras sucursales en Saltillo mantiene vivo ese espíritu de cercanía y sabor que comenzó con un sueño en Guasave, llevando la tradición de Pollo Feliz a cada mesa y convirtiéndose en parte de la vida cotidiana de la ciudad.
Y si todavía no formas parte de la historia, te invitamos a visitarnos en Pollo Feliz Saltillo y disfrutar de ese sabor que ha conquistado generaciones.